domingo, 9 de julio de 2017

COMENTARIO EXEGÉTICO SOBRE EL CAPÍTULO: LA LUZ, del libro: EL SECRETO MASÓNICO, de Aldo Lavagnini.


COMENTARIO EXEGÉTICO SOBRE EL CAPÍTULO: LA LUZ, del libro: EL SECRETO MASÓNICO, de Aldo Lavagnini.

©Giuseppe Isgró C.


Aldo Lavagnini, distingue, inicialmente, tres aspectos de la Luz.

1)        -“La Luz material, percibida por nuestros ojos físicos y nos permite la visión externa del mundo fenoménico”.

Simbólica, y físicamente, la Log.: está orientada hacia el Oriente, que es el lugar por el cual despunta el sol. Es la primera vertiente de la luz, en la dimensión física de la vida, la cual es perceptible por el sentido de la vista.

2)       Luego, Lavagnini refiere que la luz material “es emblemática de otras dos formas de luz, de las cuales la primera brilla y la otra se halla todavía latente en su fuero interior”.

La primera de estas dos expresiones de la luz, es la inteligencia, los estados de conciencia y el carácter desarrollados por la experiencia adquirida en incontable número de existencias, en este y en otros mundos más adelantados que este, en algunos casos, y en otros, en mundos menos adelantados. O, en ambas modalidades. Este desarrollo en los tres elementos que hacen aflorar esta segunda luz, es la aptitud perceptiva, comprensiva y realizadora de cada ser en los cuatros reinos de la naturaleza. Es la capacidad de darse cuenta, comprender, rápidamente, o en tiempo oportuno, hacer lo que debe ser hecho, y de dejar de hacer, lo que es ajeno a los propios propósitos de vida, o inadecuado de acuerdo a los valores éticos. Es hacer lo que debe hacerse en cumplimiento del propio deber moral, u obligación contractual; y, también, lo que, por ese mismo deber moral, no debe ser realizado, ya que es contrario al principio de la justicia. Discernir la diferencia entre una polaridad u otra, constituye una aptitud o estado de conciencia, y una actitud optimista o no frente a la vida. Es lo que podríamos decir, la propia luz, el bagaje personal o suma existencial, que permite, según su grado de desarrollo y expresión, ubicarse o reubicarse, constantemente, en el orden que corresponde a cada quien, en el concierto de todas las cosas. Por eso, lo que hacemos o dejamos de realizar nos acerca o aleja del lugar donde quisiéramos encontrarnos. Esta luz propia pudiera ser insuficiente frente a los nuevos embates de la vida, en cada fase existencial. Es ahí la importancia de conectarse con la Divinidad interior, desde el propio centro, con la Divinidad Universal, para acceder a la luz en estado de potencialidad infinita que, de acuerdo a las propias necesidades que requieren ser satisfechas, o situaciones emergentes que van surgiendo, expresan en grado equivalente, el conocimiento adecuado y correcto, en torno al qué, al cómo, al dónde, al cuándo, al quién, al cuánto y al por qué. Paralelamente, expresan el poder creador en estado de potencialidad divina, en el grado requerido, de acuerdo a un servomecanismo interno que se activa, instantáneamente, tan pronto se afrontan las situaciones, y la persona en cuestión no abandona a mitad de camino, o antes de comenzar, la realización de lo que debe ser efectuado. Esa es la luz de la cual hablaremos a continuación.

3)       Es la que Lavagnini señala, como: “La otra –Luz- se halla todavía latente en su fuero interior”.


Aldo Lavagnini, con gran acierto, destaca:-“la luz de la inteligencia, representada alegóricamente por la estrella flameante, -o flamígera- como signo del hombre y de sus facultades, que obedecen a la ley quinaria, precisamente como los sentidos y sus órganos físicos”. 

La estrella flamígera no es otro que el símbolo del hombre, y de cada ser en los cuatro reinos de la naturaleza, como expresión, en la dimensión física de la vida, y de la dimensión espiritual, ya que arriba o abajo, en una dimensión u otra, lo que es en una dimensión es igual en la otra, o lo que hay adentro se expresa afuera. Eso y solo eso en un momento determinado.

Empero, en el centro de la estrella flamígera, símbolo del ser, se encuentra la letra G, símbolo del Gran Arquitecto del Universo, cuyo emblema, es precisamente, la Luz en grado infinito en todas sus vertientes y variantes, del cero al infinito. La Luz, aquí sería la representación de la Sabiduría de los atributos divinos del Ser Universal, -GADU-, o de los valores universales, como el amor, la sabiduría, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza, la belleza, el equilibrio, el orden perfecto, la armonía cósmica, y todas las demás vertientes y variantes conocidas y por conocer desarrolladas en grado infinito. Paralelamente, a la sabiduría de los valores universales, o estados de conciencia, se expresa, en grado análogo y equivalente, en sus infinitas estaciones, el poder creador, que, en la Divinidad, se encuentra bajo su dominio en grado infinito, pero que no siempre utiliza en grado infinito, sino en el esencial que la Divinidad se expresa en la expansión de la Creación Universal.

Esa Divinidad representada dentro del pentagrama, símbolo del ser, con la letra G, es la expresión indivisa de la Divinidad, en cada ser de los cuatro reinos de la naturaleza, sin jamás haberse separado de la Divinidad, y sin haber dejado de ser la Divinidad. Pero, cada ser lo ignora, en los cuatro reinos naturales que es una expresión de la misma Divinidad. Igualmente, ignora que posee los mismos atributos divinos, o valores universales, que se expresan en su conciencia con el sentimiento análogo a cada valor, y que, paralelamente, expresan, también, el inherente grado de poder creador. Cada ser posee la misma sabiduría de la Divinidad, y exactamente, el mismo poder creador de la Divinidad. La diferencia reside en que la Divinidad se encuentra consciente de su desarrollo en grado infinito, en todas sus vertientes y variantes; y cada ser lo ignora. Sabiduría y poder, son iguales en la Divinidad y en cada ser. A cada ser lo único que le falta es la experiencia que va adquiriendo en el eterno camino de retorno del ser individual hacia el Ser Universal o Gadu, ad infinitum.

Por eso Lavagnini dijo: “La otra –Luz- se halla todavía latente en su fuero interior”. Luego añade: –“Alumbran, -las tres variantes de la luz- respectivamente, el mundo exterior de la experiencia física, y el mundo interior de la conciencia y de la razón". 

Es decir: La luz de la dimensión material y la que se expresa por la aptitud de la inteligencia desarrollada, que es lo mismo, decir, dela conciencia y del carácter. Esta percepción, comprensión y realización se realiza, por la razón, utilizando la lógica inductiva y deductiva, y por la intuición. Por intuición se entiende la proyección del propio espíritu, en los cuatro reino naturales, hasta donde su potencial alcance, hasta el lugar donde se encuentra el conocimiento que requiere, bien sea en un lugar físico, o en el archivo espiritual de seres desencarnados, o encarnados, o en su propio archivo espiritual; allí copia lo que precisa, y lo transfiere a su conciencia objetiva, como intuición, o percepción comprensiva y realizadora, al mismo tiempo.

–“Pero, continúa Lavagnini, hay otro género de luz, superior a estas dos, y generalmente latente y oscura para el hombre, hasta que no se despierta en él su íntima percepción”.

–“Esta luz espiritual, que representan mitológicamente Apolo y Minerva es el principio de toda inspiración y se llama con feliz expresión la verdadera luz, como la definen las constituciones masónicas de Anderson (true light)”.

a)       –“Las primeras de estas tres luces son las luces respectivamente objetiva y subjetiva, alumbrando la una nuestros sentidos y la otra nuestra inteligencia.

b)       –“En cuanto a la tercera, su carácter es más profundo y misterioso, dado que trasciende tanto la una como la otra, aunque sea la esencia, o lo real en ambas, la luz Eterna e Inmanente que constantemente resplandece en el dominio de la relatividad, de la apariencia y de la contingencia”.

c)       –“Sólo cuando nuestra propia conciencia se reconoce más profundamente a sí misma, adquiere la capacidad de percibirla y reconocerla como la única y más verdadera luz, de la cual las otras dos formas —que alumbran los sentidos y las facultades ordinarias de la mente— no son sino aspectos relativos y comparativamente ilusorios, pues no tienen realidad en sí mismas, sino únicamente en cuanto participan de la realidad propia de la última y la expresan”.

Una variante de esta inspiración puede tener su origen por el pensamiento de los seres espirituales, encarnados o desencarnados, que la expresan por el pensamiento en el pensamiento, o sentimiento, en el sentimiento, en los seres de los cuatro reinos naturales. Es decir: la experiencia adquirida por cada ser en los cuatro reinos naturales, es compartida por la inspiración, o comunicación de contenidos mentales o espirituales.

d)       –“Estas tres luces –dice Lavagnini: —la luz de la naturaleza, la luz humana y la Divina— que presiden respectivamente al mundo fenoménico de las formas, al mundo intelectual de las ideas, y al mundo nouménico de la absoluta realidad, están representadas en la Logia por los tres puntos cardinales del Sur, del Norte y del Oriente, en donde se sientan las luces simbólicas que la dirigen y presiden en sus trabajos”

e)       –“La primera desarrolla en nosotros la capacidad de apreciar la belleza, la armonía y el orden que presiden a la naturaleza”.

f)       –“la segunda se manifiesta en nuestras propias facultades internas y en su expresión activa y operativa (Fuerza)”.

g)       –“La tercera estimula en nosotros la Sabiduría, que nace y se desarrolla, por medio del discernimiento de la verdadera realidad”.

h)       Lavagnini, expresa: -“El hombre se hace simbólicamente masón —o sea, llega a ponerse en contacto consciente y constructivo con la Suprema Realidad Planeadora y Constructora del Universo— al percibir esta luz, pues la conciencia de esta Trascendente Realidad lo inicia (o sea, lo hace ingresar o nacer) en una nueva manera de ser, en una nueva visión de la vida y de las cosas, así como de su propia relación con el principio íntimo de éstas y con el mundo v las condiciones externas que lo rodean”.

i)         –“Esta Luz del Oriente es aquella que, de ahora en adelante, tiene que orientar u ordenar constructivamente todos sus pensamientos, palabras y acciones”. Agregamos: y sentimientos.

j)         -“Sin embargo, -dice Lavagnini-: no se llega a la percepción de la Luz Trascendente —o sea, al discernimiento de la verdadera realidad— sino como resultado de una serie de viajes; o sea, por medio de etapas sucesivas de progreso en cada una de las cuales tiene uno que enfrentarse con ciertos obstáculos o experiencias, que le es menester superar o resolver, para que en cada etapa se le permita ir adelante, o proceder”.

k)       –“Cada uno de estos viajes o conjuntos de experiencias implica y efectúa una determinada purificación, representada simbólicamente por la naturaleza del elemento que preside a la misma, librando la naturaleza interna del individuo —que es pura conciencia, y por ende también Luz y Verdad— de alguna forma particular de ilusión”-.

La purificación de cada ser es lo que transparenta el velo de la separatividad entre las dimensiones: física, espiritual y divina.

l)         –“La Vida Interna por su origen divina y perfecta, se afirma sobre la impureza de los vehículos en que se expresa —resultado de la evolución natural, que es involución de la Realidad nouménica en la apariencia fenoménica— de manera que la propia expresión, purificada por medio de los viajes (o experiencias), se acerca siempre más a la Verdad inherente (o verdadera luz), manifestando su implícita virtud”.

m)      –“Todas las posibles, y por supuesto, infinitamente variadas experiencias de la vida, se resumen simbólicamente en tres viajes fundamentales que también indican los tres tipos de purificación que respectivamente se relacionan con el dominio de los pensamientos, de los sentimientos y de la voluntad. A su vez cada viaje se halla precedido por un estado preliminar de reflexión, o concentración en uno mismo, en el cual encuentra uno el primer vislumbre de la luz, e igualmente nace la determinación de viajar o progresar, en las dos direcciones, de su reconocimiento primero, y luego de su expresión”.

Recordemos que, donde se centra la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.

Adelante.

Continúa.....