COMENTARIO EXEGÉTICO SOBRE EL CAPÍTULO: LA LUZ, del libro: EL
SECRETO MASÓNICO, de Aldo Lavagnini.
©Giuseppe Isgró C.
Aldo Lavagnini, distingue, inicialmente, tres aspectos de la Luz.
1)
-“La Luz material, percibida por nuestros ojos físicos y nos permite la visión externa del mundo fenoménico”.
Simbólica, y físicamente, la
Log.: está orientada hacia el Oriente, que es el lugar por el cual despunta el
sol. Es la primera vertiente de la luz, en la dimensión física de
la vida, la cual es perceptible por el sentido de la vista.
2)
Luego, Lavagnini refiere
que la luz material “es emblemática de
otras dos formas de luz, de las cuales la primera brilla y la otra se halla
todavía latente en su fuero interior”.
La primera de estas dos
expresiones de la luz, es la inteligencia, los estados de conciencia y el carácter
desarrollados por la experiencia adquirida en incontable número de existencias,
en este y en otros mundos más adelantados que este, en algunos casos, y en
otros, en mundos menos adelantados. O, en ambas modalidades. Este desarrollo en
los tres elementos que hacen aflorar esta segunda luz, es la aptitud
perceptiva, comprensiva y realizadora de cada ser en los cuatros reinos de la
naturaleza. Es la capacidad de darse cuenta, comprender, rápidamente, o en
tiempo oportuno, hacer lo que debe ser hecho, y de dejar de hacer, lo que es
ajeno a los propios propósitos de vida, o inadecuado de acuerdo a los valores
éticos. Es hacer lo que debe hacerse en cumplimiento del propio deber moral, u
obligación contractual; y, también, lo que, por ese mismo deber moral, no debe
ser realizado, ya que es contrario al principio de la justicia. Discernir la
diferencia entre una polaridad u otra, constituye una aptitud o estado de
conciencia, y una actitud optimista o no frente a la vida. Es lo que podríamos
decir, la propia luz, el bagaje personal o suma existencial, que permite, según
su grado de desarrollo y expresión, ubicarse o reubicarse, constantemente, en
el orden que corresponde a cada quien, en el concierto de todas las cosas. Por
eso, lo que hacemos o dejamos de realizar nos acerca o aleja del lugar donde
quisiéramos encontrarnos. Esta luz propia pudiera ser insuficiente frente a los
nuevos embates de la vida, en cada fase existencial. Es ahí la importancia de
conectarse con la Divinidad interior, desde el propio centro, con la Divinidad
Universal, para acceder a la luz en estado de potencialidad infinita que, de
acuerdo a las propias necesidades que requieren ser satisfechas, o situaciones
emergentes que van surgiendo, expresan en grado equivalente, el conocimiento
adecuado y correcto, en torno al qué, al cómo, al dónde, al cuándo, al quién,
al cuánto y al por qué. Paralelamente, expresan el poder creador en estado de
potencialidad divina, en el grado requerido, de acuerdo a un servomecanismo
interno que se activa, instantáneamente, tan pronto se afrontan las
situaciones, y la persona en cuestión no abandona a mitad de camino, o antes de
comenzar, la realización de lo que debe ser efectuado. Esa es la luz de la cual
hablaremos a continuación.
3)
Es la que Lavagnini señala,
como: “La otra –Luz- se halla todavía
latente en su fuero interior”.
Aldo Lavagnini, con gran
acierto, destaca:-“la luz de la inteligencia, representada
alegóricamente por la estrella flameante, -o
flamígera- como signo del hombre y de sus facultades, que obedecen a la ley
quinaria, precisamente como los sentidos y sus órganos físicos”.
La estrella flamígera no es otro que el símbolo del hombre, y de cada ser en los cuatro reinos de la naturaleza, como expresión, en la dimensión física de la vida, y de la dimensión espiritual, ya que arriba o abajo, en una dimensión u otra, lo que es en una dimensión es igual en la otra, o lo que hay adentro se expresa afuera. Eso y solo eso en un momento determinado.
La estrella flamígera no es otro que el símbolo del hombre, y de cada ser en los cuatro reinos de la naturaleza, como expresión, en la dimensión física de la vida, y de la dimensión espiritual, ya que arriba o abajo, en una dimensión u otra, lo que es en una dimensión es igual en la otra, o lo que hay adentro se expresa afuera. Eso y solo eso en un momento determinado.
Empero, en el centro de la
estrella flamígera, símbolo del ser, se encuentra la letra G, símbolo del Gran
Arquitecto del Universo, cuyo emblema, es precisamente, la Luz en grado
infinito en todas sus vertientes y variantes, del cero al infinito. La Luz,
aquí sería la representación de la Sabiduría de los atributos divinos del Ser
Universal, -GADU-, o de los valores universales, como el amor, la sabiduría, la
prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza, la belleza, el equilibrio,
el orden perfecto, la armonía cósmica, y todas las demás vertientes y variantes
conocidas y por conocer desarrolladas en grado infinito. Paralelamente, a la
sabiduría de los valores universales, o estados de conciencia, se expresa, en
grado análogo y equivalente, en sus infinitas estaciones, el poder creador,
que, en la Divinidad, se encuentra bajo su dominio en grado infinito, pero que
no siempre utiliza en grado infinito, sino en el esencial que la Divinidad se
expresa en la expansión de la Creación Universal.
Esa Divinidad representada
dentro del pentagrama, símbolo del ser, con la letra G, es la expresión
indivisa de la Divinidad, en cada ser de los cuatro reinos de la naturaleza,
sin jamás haberse separado de la Divinidad, y sin haber dejado de ser la
Divinidad. Pero, cada ser lo ignora, en los cuatro reinos naturales que es una
expresión de la misma Divinidad. Igualmente, ignora que posee los mismos
atributos divinos, o valores universales, que se expresan en su conciencia con
el sentimiento análogo a cada valor, y que, paralelamente, expresan, también,
el inherente grado de poder creador. Cada ser posee la misma sabiduría de la
Divinidad, y exactamente, el mismo poder creador de la Divinidad. La diferencia
reside en que la Divinidad se encuentra consciente de su desarrollo en grado
infinito, en todas sus vertientes y variantes; y cada ser lo ignora. Sabiduría
y poder, son iguales en la Divinidad y en cada ser. A cada ser lo único que le
falta es la experiencia que va adquiriendo en el eterno camino de retorno del
ser individual hacia el Ser Universal o Gadu, ad infinitum.
Por eso Lavagnini dijo: “La otra –Luz- se halla todavía latente
en su fuero interior”. Luego añade:
–“Alumbran, -las tres variantes de la luz- respectivamente, el mundo
exterior de la experiencia física, y el mundo interior de la conciencia y de la
razón".
Es decir: La luz de la dimensión material y la que se expresa por la aptitud de la inteligencia desarrollada, que es lo mismo, decir, dela conciencia y del carácter. Esta percepción, comprensión y realización se realiza, por la razón, utilizando la lógica inductiva y deductiva, y por la intuición. Por intuición se entiende la proyección del propio espíritu, en los cuatro reino naturales, hasta donde su potencial alcance, hasta el lugar donde se encuentra el conocimiento que requiere, bien sea en un lugar físico, o en el archivo espiritual de seres desencarnados, o encarnados, o en su propio archivo espiritual; allí copia lo que precisa, y lo transfiere a su conciencia objetiva, como intuición, o percepción comprensiva y realizadora, al mismo tiempo.
Es decir: La luz de la dimensión material y la que se expresa por la aptitud de la inteligencia desarrollada, que es lo mismo, decir, dela conciencia y del carácter. Esta percepción, comprensión y realización se realiza, por la razón, utilizando la lógica inductiva y deductiva, y por la intuición. Por intuición se entiende la proyección del propio espíritu, en los cuatro reino naturales, hasta donde su potencial alcance, hasta el lugar donde se encuentra el conocimiento que requiere, bien sea en un lugar físico, o en el archivo espiritual de seres desencarnados, o encarnados, o en su propio archivo espiritual; allí copia lo que precisa, y lo transfiere a su conciencia objetiva, como intuición, o percepción comprensiva y realizadora, al mismo tiempo.
–“Pero, continúa
Lavagnini, hay otro género de luz, superior a estas dos, y generalmente latente
y oscura para el hombre, hasta que no se despierta en él su íntima percepción”.
–“Esta luz espiritual, que
representan mitológicamente Apolo y Minerva es el principio de toda inspiración
y se llama con feliz expresión la verdadera luz, como la definen las
constituciones masónicas de Anderson (true light)”.
a)
–“Las primeras de estas
tres luces son las luces respectivamente objetiva y subjetiva, alumbrando la
una nuestros sentidos y la otra nuestra inteligencia.
b)
–“En cuanto a la
tercera, su carácter es más profundo y misterioso, dado que trasciende
tanto la una como la otra, aunque sea la esencia, o lo real en ambas, la luz
Eterna e Inmanente que constantemente resplandece en el dominio de la
relatividad, de la apariencia y de la contingencia”.
c)
–“Sólo cuando nuestra
propia conciencia se reconoce más profundamente a sí misma, adquiere la
capacidad de percibirla y reconocerla como la única y más verdadera luz, de
la cual las otras dos formas —que alumbran los sentidos y las facultades
ordinarias de la mente— no son sino aspectos relativos y comparativamente
ilusorios, pues no tienen realidad en sí mismas, sino únicamente en cuanto
participan de la realidad propia de la última y la expresan”.
Una variante de esta
inspiración puede tener su origen por el pensamiento de los seres espirituales,
encarnados o desencarnados, que la expresan por el pensamiento en el
pensamiento, o sentimiento, en el sentimiento, en los seres de los cuatro
reinos naturales. Es decir: la experiencia adquirida por cada ser en los cuatro
reinos naturales, es compartida por la inspiración, o comunicación de
contenidos mentales o espirituales.
d)
–“Estas tres luces –dice Lavagnini:
—la luz de la naturaleza, la luz humana y la Divina— que presiden respectivamente
al mundo fenoménico de las formas, al mundo intelectual de las ideas, y al
mundo nouménico de la absoluta realidad, están representadas en la Logia por
los tres puntos cardinales del Sur, del Norte y del Oriente, en donde se
sientan las luces simbólicas que la dirigen y presiden en sus trabajos”
e)
–“La primera desarrolla en
nosotros la capacidad de apreciar la belleza, la armonía y el orden que
presiden a la naturaleza”.
f)
–“la segunda se manifiesta
en nuestras propias facultades internas y en su expresión activa y operativa (Fuerza)”.
g)
–“La tercera estimula en
nosotros la Sabiduría, que nace y se desarrolla, por medio del discernimiento
de la verdadera realidad”.
h)
Lavagnini, expresa: -“El
hombre se hace simbólicamente masón —o sea, llega a ponerse en contacto
consciente y constructivo con la Suprema Realidad Planeadora y Constructora del
Universo— al percibir esta luz, pues la conciencia de esta Trascendente
Realidad lo inicia (o sea, lo hace ingresar o nacer) en una nueva manera de
ser, en una nueva visión de la vida y de las cosas, así como de su propia
relación con el principio íntimo de éstas y con el mundo v las condiciones
externas que lo rodean”.
i)
–“Esta Luz del Oriente
es aquella que, de ahora en adelante, tiene que orientar u ordenar constructivamente
todos sus pensamientos, palabras y acciones”. Agregamos: y sentimientos.
j)
-“Sin embargo, -dice Lavagnini-: no se llega a la percepción de la Luz
Trascendente —o sea, al discernimiento de la verdadera realidad— sino como
resultado de una serie de viajes; o sea, por medio de etapas sucesivas de
progreso en cada una de las cuales tiene uno que enfrentarse con ciertos
obstáculos o experiencias, que le es menester superar o resolver, para que en
cada etapa se le permita ir adelante, o proceder”.
k) –“Cada uno de estos viajes
o conjuntos de experiencias implica y efectúa una determinada purificación,
representada simbólicamente por la naturaleza del elemento que preside a la
misma, librando la naturaleza interna del individuo —que es pura conciencia, y
por ende también Luz y Verdad— de alguna forma particular de ilusión”-.
La purificación de cada
ser es lo que transparenta el velo de la separatividad entre las dimensiones:
física, espiritual y divina.
l)
–“La Vida Interna por su
origen divina y perfecta, se afirma sobre la impureza de los vehículos en que
se expresa —resultado de la evolución natural, que es involución de la Realidad
nouménica en la apariencia fenoménica— de manera que la propia expresión,
purificada por medio de los viajes (o experiencias), se acerca siempre más a la
Verdad inherente (o verdadera luz), manifestando su implícita virtud”.
m)
–“Todas las posibles, y
por supuesto, infinitamente variadas experiencias de la vida, se resumen
simbólicamente en tres viajes fundamentales que también indican los tres tipos
de purificación que respectivamente se relacionan con el dominio de los
pensamientos, de los sentimientos y de la voluntad. A su vez cada viaje se halla
precedido por un estado preliminar de reflexión, o concentración en uno mismo,
en el cual encuentra uno el primer vislumbre de la luz, e igualmente nace la
determinación de viajar o progresar, en las dos direcciones, de su
reconocimiento primero, y luego de su expresión”.
Recordemos que, donde se
centra la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y
realizadora.
Adelante.
Continúa.....
Continúa.....


